Relato a partir de una imagen (2)

Cada vez que veo su sombrero, sus gafas, la pluma, vuelvo a pensar en él. Ahí están, encima de su mesa, como si no hubiera pasado nada, como si él siguiera estando aquí.Todavía lo puedo ver, mejor dicho, me lo puedo imaginar sentado en la blanca silla (era "su" silla), con la pluma en la mano, esa mano que escribía y escribía y escribía las bellas historias que le dictaba su cabeza. Bueno, si soy sincera, he de decir que verlo, lo que se dice verlo ... de cerca ... nunca lo vi. Mi abuelo siempre quería estar solo, nadie podía molestarle, cuando se ponía a trabajar en sus novelas.
Con la curiosidad de mi edad, a veces, me acercaba sigilosamente a la puerta, la entreabría con sumo cuidado, para observarlo. Estaba impresionada, fascinada (no todos los niños tienen un abuelo escritor). Pero, cuando al levantar la vista me descubría, coléricamente se acercaba a mí diciéndome: "Pequeña pulga, ¿ya estás de nuevo aquí? ¿Cuántas veces he de repetirte que a un genio no se le molesta mientras trabaja? ¡Podría perder mi inspiración!"
En aquel entonces no comprendía su irritación: genio e inspiración eran palabras complicadas para mí. Permanecía quieta junto a la puerta, tranquila, sin decir nada, sin hacer nada. Entonces, él dejaba su silla, cogía su sombrero y se dirigía pomposamente hacia mí diciendo: "Dado que las musas se han asustado y me han abandonado y dado que, para concluir, no podré seguir escribiendo... ¿por qué no dejamos descansar a Rebeca y a Gustavo? Mañana , los primeros rayos de sol despertarán a las musas y ellas me traerán tantas ideas, que la pluma terminará la historia de los dos enamorados con la rapidez de un rayo."
Entonces me tomaba de la mano, me ponía mi chaqueta y añadía: "Mi pequeña princesa, ¿podría, por favor, rogarle que me acompañe a dar un paseo" ? y se inclinaba cortésmente hacia mí. "Será un honor", le respondía yo, con la misma ceremonia.
Era un verdadero caballero y yo aprendí de él todo lo que pude: las bellas palabras y los buenos modales, el amor por la música y la lectura. Él conocía los pájaros, las estrellas y los vientos, las flores y las montañas. Él conocía todo y todos lo conocían a él.
Una noche, la pluma decidió que ya no quería escribir más. Desde esa noche de verano, brilla una estrella más en el cielo.
Ahora ya soy vieja, pero nunca he podido olvidarle. He seguido sus pasos y él se convirtió en mi musa. Me siento en una mesa, al lado de su mesa, en una silla blanca, "su" silla. Y siempre dejo la puerta medio abierta con la esperanza de que mi pequeña nieta sea tan curiosa como yo lo fui y venga despacio y me observe.
Entonces le diré: "Mi pequeña princesa, ¿podría, por favor, rogarle que me acompañe a dar un paseo?"

3 Comments:
Que bien escribes hija...
Roger
TODAS ME HAN GUSTADO, PERO LA DEL ABUELO.... QUE DECIRTE, NO HAY PALABRAS,
ME HA CONMOVIDO, GRACIAS
BESO
MAURA
Parece que estuviera leyendo un vals.
Sencillo y hermosísimo relato.
Gracias por compartirlo.
Todo lo mejor para ti.
PS: Las condecoraciones nunca se auto imponen…, pero me encanta pensar que seas mi hija en esto de los blog.
Post a Comment
<< Home