la centinela dormida

Sunday, December 17, 2006

Underwood Girls


Es el título de la poesía de Salinas y es la que os descubre el contenido de la misma.
Y esa timidez que os ha impedido poner vuestras propuestas en forma de comentario? No tengáis miedo en escribir vuestras ideas por raras que parezcan. A mi blog solo he invitado a la gente que quiero, así que será un buen punto de encuentro para y con mis amistades.
No habla Salinas de un piano, ni de los dientes ... como casi todo el mundo piensa al principio, sino de ellas, de las Underwood Girls, que tampoco son animadoras de un equipo de un deporte cualquiera.
Son.... y ahora lo veréis tan bien que diréis: está clarísimo... las teclas de una máquina de escribir, que tenía ese nombre. En la foto veis una de estas máquinas (no exactamente la de Salinas, porque tiene más teclas, pero también de la colección "Underwood".)
Es esa máquina que aparece en toda comisaria que se precie en una película de gansters.
La poesía de Salinas se hizo tan famosa que ahora, cuando busquéis en google "underwood girls", vais a dar siempre con el poeta y no con la máquina.
Así eran los poetas de la Generación del 27. Además de escribir al amor y a otros temas tradicionales o de usar las palabras para temas comprometidos, una de las novedades era que introducían temas antes impensables para la poesía, como los objetos de la vida cotidiana.
Venga, bajad un poquito con el cursor y volved a leer la poesía: redondas...blancas...trueno...rayo ...los dedos...la carta...las lanzas...ese, zeda, jota...
A que es estupenda?

Thursday, December 14, 2006

De mi querido Salinas

Es tan bonita y tan bien hecha, que la quiero compartir. A los que ya la conozcan, que la lean de nuevo, y a los que hoy la descubran, que la disfruten e, incluso, que jueguen al acertijo, sabéis de qué habla?

"Quietas, dormidas están,
las treinta, redondas, blancas.
Entre todas
sostienen el mundo.
Míralas, aquí en su sueño,
como nubes,
redondas, blancas, y dentro
destinos de trueno y rayo,
destinos de lluvia lenta,
de nieve, de viento, signos.
Despiértalas,
con contactos saltarines
de dedos rápidos, leves,
como a músicas antiguas.
Ellas suenan otra música:
fantasías de metal
valses duros, al dictado.
Que se alcen desde siglos
todas iguales, distintas
como las olas del mar
y una gran alma secreta.
Que se crean que es la carta,
la fórmula, como siempre.Tú alócate
bien los dedos, y las
raptas y las lanzas,
a las treinta, eternas ninfas
contra el gran mundo vacío,
blanco a blanco.
Por fin a la hazaña pura,
sin palabras, sin sentido,
ese, zeda, jota, i..."

Wednesday, December 13, 2006

Relato a partir de una imagen (2)


Cada vez que veo su sombrero, sus gafas, la pluma, vuelvo a pensar en él. Ahí están, encima de su mesa, como si no hubiera pasado nada, como si él siguiera estando aquí.Todavía lo puedo ver, mejor dicho, me lo puedo imaginar sentado en la blanca silla (era "su" silla), con la pluma en la mano, esa mano que escribía y escribía y escribía las bellas historias que le dictaba su cabeza. Bueno, si soy sincera, he de decir que verlo, lo que se dice verlo ... de cerca ... nunca lo vi. Mi abuelo siempre quería estar solo, nadie podía molestarle, cuando se ponía a trabajar en sus novelas.
Con la curiosidad de mi edad, a veces, me acercaba sigilosamente a la puerta, la entreabría con sumo cuidado, para observarlo. Estaba impresionada, fascinada (no todos los niños tienen un abuelo escritor). Pero, cuando al levantar la vista me descubría, coléricamente se acercaba a mí diciéndome: "Pequeña pulga, ¿ya estás de nuevo aquí? ¿Cuántas veces he de repetirte que a un genio no se le molesta mientras trabaja? ¡Podría perder mi inspiración!"
En aquel entonces no comprendía su irritación: genio e inspiración eran palabras complicadas para mí. Permanecía quieta junto a la puerta, tranquila, sin decir nada, sin hacer nada. Entonces, él dejaba su silla, cogía su sombrero y se dirigía pomposamente hacia mí diciendo: "Dado que las musas se han asustado y me han abandonado y dado que, para concluir, no podré seguir escribiendo... ¿por qué no dejamos descansar a Rebeca y a Gustavo? Mañana , los primeros rayos de sol despertarán a las musas y ellas me traerán tantas ideas, que la pluma terminará la historia de los dos enamorados con la rapidez de un rayo."
Entonces me tomaba de la mano, me ponía mi chaqueta y añadía: "Mi pequeña princesa, ¿podría, por favor, rogarle que me acompañe a dar un paseo" ? y se inclinaba cortésmente hacia mí. "Será un honor", le respondía yo, con la misma ceremonia.
Era un verdadero caballero y yo aprendí de él todo lo que pude: las bellas palabras y los buenos modales, el amor por la música y la lectura. Él conocía los pájaros, las estrellas y los vientos, las flores y las montañas. Él conocía todo y todos lo conocían a él.
Una noche, la pluma decidió que ya no quería escribir más. Desde esa noche de verano, brilla una estrella más en el cielo.
Ahora ya soy vieja, pero nunca he podido olvidarle. He seguido sus pasos y él se convirtió en mi musa. Me siento en una mesa, al lado de su mesa, en una silla blanca, "su" silla. Y siempre dejo la puerta medio abierta con la esperanza de que mi pequeña nieta sea tan curiosa como yo lo fui y venga despacio y me observe.
Entonces le diré: "Mi pequeña princesa, ¿podría, por favor, rogarle que me acompañe a dar un paseo?"

Tuesday, December 12, 2006

Todavía...

Sí, todavía una cosita, porque de repente la radio, infalible y fiel compañera, siempre viva, siempre presente, siempre fuente de sorpresas, siempre amiga, me regala Time after time (Cyndi Lauper). Entonces la centinela siente como un escalofrío, siente, sueña, piensa. Nunca me cansaré de escuchar esa preciosa canción, la seguiré oyendo siempre, sí, Time after time.
http://www.youtube.com/watch?v=lzp0FedCz-c

Relato a partir de una imagen (1)



Londres, 25 de noviembre, medianoche. Nadie en la calle, ni un ruido, ni una voz. Las últimas farolas de la ciudad ya se habían apagado. En la fría y oscura noche, solo las luces del bar de Benny mostraban que no toda la ciudad dormía.
Los dos últimos clientes apuran sus vasos.
John en la barra, acompañado de una pelirroja "muñeca". Tras una fiesta, por tarde que fuera, se hacía obligatorio un último trago junto a Benny. Era un camarero afable y un paciente amigo: nunca tenía prisa y siempre encontraba un instante para intercambiar un par de palabras.
Pero en esa noche, algo flotaba en el aire del elegante café, se avecinaba un crimen.
Ya hacía demasiado tiempo que Benny soportaba la tiranía de la Señora Phillies: hora a hora trabajaba por un miserable sueldo, nunca una palabra de agradecimiento, nunca un detalle, nunca una palabra amable.
Tampoco John parecía poder soportar por más tiempo a la vieja. Se había casado con ella cinco años atrás. Entonces era un dama distinguida y con un cierto atractivo. Pero el interés del joven hombre nada tenía que ver con la belleza ni con los sentimientos: Agata Philies había heredado de su difunto esposo un nada desdeñable capital.
Ahora, John estaba enamorado. Su "muñeca", como él le llamaba, una bella mujer llamada Sara, empezaba a estar harta de la situación. No aguantaba más y su ultimátum era claro: o ella o la otra. Una sobraba.
El plan era perfecto. La preparación había durado meses. Cada detalle estaba medido con la máxima precisión.
Pero no habían contado con un incómodo e inesperado invitado. No podían imaginarse que el hombre sentado en la barra, el hombre que parecía borracho, el hombre que ya no podía con su última cerveza, que no decía nada, que no miraba a nadie, era el comisario Pely.
(continuará)....

Sobre la imagen de Hopper: http://www.artchive.com/artchive/H/hopper/nighthwk.jpg.html

Malditos

No pude ocultar mi satisfacción, lo confieso. Leer aquella noticia fue una alegría, a pesar de que yo no soy de allí ni lo he sufrido. Rápidamente cogí el móvil, mandé un mensaje: Ha muerto Pinochet, qué bien!
Y es que no soy de allí, pero soy de un lugar en el que otro, como él, ha hecho que un país sufra, que su gente sufra, que no se pueda pensar, que no se pueda expresar, que no se pueda opinar, que no se pueda ni pasear con libertad, que no haya derecho a la discrepancia, que un poeta sea un peligro, que un filósofo merezca la cárcel, que ... tantas miserias, tantas injusticias, tanto sufrimiento, tanto daño... son heridas abiertas que no damos cerrado.
Malditos dictadores, sí, malditos, aunque haya quien los llore.
Maldita hasta la manera en que mueren, sin haber sido juzgados, sin haber pedido perdón, sin haber sentido en sí mismos ni una mínima parte del mal que han hecho.
En estos casos se me antoja que quizás sí haya algo más allá, que haya una justicia que aquí no hubo.
Por el momento, la dura realidad me muestra que otra vez el maldito se ha escapado, ha hecho una última ofensa, se ha reído de todos. Pero me queda la tranquilidad, como a otros muchos, de que, por fin, ha muerto.
A todos los desaparecidos, a todos los ejecutados, a todos los que les lloran y recuerdan, mi más profundo respeto.

Tuesday, December 05, 2006

Aquel día

"Y quema el deseo y no hay cuerpo que acariciar,
los besos se ahogan entre los labios
y sólo el dulce recuerdo
de los últimos gemidos compartidos
acaricia
la soledad del alma."

Así escribía aquel día y hoy lo he recordado, porque el pensamiento me ha llevado de nuevo a ese momento. Espero no volver a aquel entonces, pero guardaré estas palabras, porque creo que son bellas.