la centinela dormida

Wednesday, April 11, 2007

Carta abierta a ti.

Querida amiga:
Leía tus palabras y en mí surgía un sentimiento de incredulidad unido al de una cierta nostalgia difícil de explicar.
Si me hubiera escrito otra persona... pero tú, siempre tan combativa. No te juzgo, yo no juzgo, es solo que no te entiendo.
Pensaba en tiempos pasados y me preguntaba dónde habían quedado los sueños, las ilusiones, las ganas de cambiar el mundo, de, invadidos por esa fuerza que da el creer en uno mismo y en sus ideas, luchar juntos por lo que creíamos. Lejos quedan aquellos tiempos. Nos erigíamos en defensores de todo y todos los que hay que defender, colaborábamos en mil y una cosa, por ayudar hasta juntábamos sellos para las misiones (vete tú a saber a dónde iban a parar!), escribíamos cartas al director de éste o de aquel periódico, para denunciar aquello que considerábamos abusos, suscribíamos cuales listas de acciones humanitarias, peticiones de justicia internacionales, nos presentaran. No se nos resistía ni amnistía internacional ni el WWF ni nada. Paladines de la igualdad y de la justicia, allí estábamos, luchando por un mundo mejor.
Sí, lo sé, con el tiempo se van gastando las energías, se relajan los ánimos, porque los cambios son pocos o porque no tenemos tiempo o por que nos aburguesamos o porque nos aletargamos o, simplemente, porque ya nos da igual.
Me sorprende esta conformidad, porque tú no eras así.
He de decirte que yo sigo adelante. Que lucho por tantas cosas, así, por amor al arte, como siempre, sin ánimo de nada más que de seguir trabajando por lo que creo y con la satisfacción de que otros como yo me apoyan, a pesar de que otros, mediocres, ponen siempre la zancadilla, también como siempre. Te digo también que sigo siendo solidaria, ayudando en proyectos que lo único que me aportan, y es enorme, es la satisfacción de saber que ese grano de arena que doy, sirve para que muchos estén mejor. Saco el tiempo de donde no existe, pero vale la pena. Lo sé, no te había hablado de estas cosas, pero es que no importa contarlas, lo que importa es hacerlas.
Sigo diciendo NO y sigo diciendo no me gusta y sigo diciendo que no estoy de acuerdo. Así es. Otro amigo me decía el otro día repecto a un tema: no, si a mí no me gusta, pero mejor me callo, porque es que si dices algo....! De él mismo he oído: ésos son temas muy complejos, difícil abordar.
Sigo pensando que hay que decir algo, que hay que abordar los temas complejos, porque será el único modo de que se resuelvan, y entonces se montará de nuevo la marimorena, se pondrá el grito en el cielo, y valdrá la pena porque las acciones y las palabras seguirán sirviendo para mover algo, para hacer presión , para denunciar, para discutir, en definitiva, para avanzar. Cada logro en este mundo ha surgido gracias a que una vez alguien se arriesgó.
Sigo pensando que es parte de mi libertad seguir opinando y seguir discrepando, como sigo pensando que no siempre la mayoría lleva razón.
Sí, en esta carta abierta así te lo digo. Nunca seré de esa masa informe y borrega que no se cuestiona. Tampoco de los que protestan en tertulias en casa en la protección de sus cuatro paredes y que luego en público ni alzan la voz ni dicen nada.
No aceptaré sumisa un mundo que no me conviene, donde los derechos se pisan a cada instante, donde el respeto es solo relativo, donde quien lleva a la guerra se pasea inmune, mientras un ladronzuelo está en la carcel, donde se masacra a determinadas minorías, donde se corrompe, se coacciona, se explota, se humilla, donde unos se ahogan en sus excesos y otros se mueren de hambre, donde no hay valor para decir stop, para decir basta.
El mundo lo cambiamos tú y yo y el otro y el otro, cada uno con nuestro gesto, estoy convencida. Te aprecio, querida amiga. Seguiremos en contacto, pero no me pidas que cambie.
Sigo siendo un topo, porque el día en que deje de ser rebelde, dejaré de ser yo.
Será como si alguien hubiera volado sobre el nido del cuco.
Un abrazo.
Judit